UNA HISTORIA DE MACACOS Ó LA INUTILIDAD EN LAS HISTORIAS – 4

HISTORIA DE UNA CRÓNICA ORDENADA DE UN ENSAYO DESORDENADO DE LA INTERPRETACIÓN DEL DESASTRE

“El Principio es un tiempo muy delicado” dice un personaje de una peli de Lynch y voy a intentar comenzar por el principio. El principio es este: voy a hacer un informe académico acerca de la unidad en las historias mientras espero vanamente una llamada que sé que no llegará y espero no desviarme mucho al relatar otros acontecimientos que considero, han servido para llegar a mi tesis de la indagación que consiste en que la interpretación intuitiva se valdrá de los medios necesarios para hallar orden en el aparente caos de la totalidad. Porque como dice Christopher Boe en Reconstrucción: “… ¿esto es un principio o un final? No importa, recuerden, todo es una interpretación aunque al final duele”. Y duele porque el desastre es que la llamada no va a llegar.

Tal vez, el momento en que al parecer todos los acontecimientos comenzaron a tomar sentido o yo comencé a interpretar ordenadamente las cosas, fue cuando llegó a mi email la Guía Rápida para Dramaturgos Cazadores de Catástrofes de Rafael Spregelburd. En este texto, Spregelburd cuenta como estudiando lo real, encontró una relación entre la evolución de la física y la dramaturgia, comparando la dramaturgia clásica aristotélica con la física lineal newtoniana, y la evolución contemporánea con la física cuantica. Es decir, las construcciones dramáticas clásicas como experimentos de representaciones de lo real y las contemporáneas, como presentaciones de experiencias de lo real. Las primeras funcionan gracias a un encadenamiento regido por el principio de la causalidad –certeza de una causa y certeza de su respectivo efecto-; y en las segundas, rige el de la casualidad – incertidumbre de las causas de los efectos-. Esta es la definición de catástrofe. El principio de casualidad permite que ocurran los accidentes, permite el error. La catástrofe antecede al desastre. La catástrofe son insabibles cantidades de causas y efectos que suceden demasiado rápido para nuestra lerda mirada reduccionista la cual solo percibe el desastre que es el efecto de la catástrofe. El punto que nos importa es que asi funciona lo real y la dramaturgia clásica ha mirado estos eventos de la naturaleza de una manera reduccionista que da como resultado, formulas reduccionistas lineales. El principio de Incertidumbre (Heisenberg) que rige la totalidad de los acontecimientos permite cuestionar la naturaleza del tiempo y eso nos compete a nosotros, pupilos de hacedores de historias. Y más que todo a nosotros, pupilos del tercer mundo que hasta hace unos años teníamos que esperar a que la información tardía llegara en barco. Nos debe importar este punto coyuntural en la historia de la dramaturgia, ahora que la simultaneidad de la información parece permitir la emancipación cultural de Latinoamérica. Este punto es fundamental para la construcción de una cinematografía nacional que no sea una copia de la representación reduccionista de un real lejano. Aquí, en Colombia, no solo se pueden crear historias que reduzcan los mitos universales, sino que aquí también suceden  catástrofes, nuestras catástrofes, y cuando hablo de catástrofes no me refiero a tragedias sino a esa veloz cadena de acontecimientos que se relacionan a través de todo el espacio y el tiempo del universo. Aquí también hay historias locales que se universalizan no necesariamente contadas a través de una ecuación lineal. Por ejemplo aun no he recibido mi llamada y creo que es hora de que comience a contar el otro comienzo, el otro principio.

Realmente, creo, todo comenzó el 24 de agosto en una playa muy lejana. La noche anterior había visto una estrella fugaz mientras discutía acerca de los deseos con una extranjera que me recordaba a Ulrica, la del cuento de Borges. Al igual que Borges para ese momento ya estaba perdidamente enamorado y a diferencia de él, el deseo –el que pedí ante la estrella fugaz- no se cumplió y nunca poseí la imagen de la extranjera ni por primera ni ultima vez. De allá me fui echándole madrazos a las estrellas y al desastre, porque no se como, fue un desastre. Posteriormente en mis investigaciones sobre el azar descubriría su paradójico significado etimológico, Desastre: “mala estrella”. En fin, de allá me fui y allá volví. No renuncié y con el fin de alcanzar esa deliciosura de Ulrica, caminé largas horas sin parar hasta que de pronto me choqué súbitamente frente a frente a quien menos esperaba. Una extraña que ya deseaba hacia un buen tiempo y que ahora me tiene ante el desastre de no recibir su llamada. La catástrofe que precedió a este desastre me remonta inevitablemente a una larga historia de persecución romántica, pervertida y no tan perfectamente cursi como sí sería después. A grandes rasgos, lo que sucedió, es que años atrás vi en una película a una mujer que tenía ganas de hacer pipi y quedé terriblemente prendado de su imagen. Recordemos que el deseo ha sido hasta ahora, el motor de la dramaturgia clásica. Un tiempo después la encontré casualmente en una ciudad que no era de ella ni tampoco mía y con la excusa de entrevistarla, le pedí el teléfono y no la pude entrevistar hasta que meses después la encontré mágicamente justo cuando necesitaba con urgencia a alguien para entrevistar en directo y ella aceptó. Así, finalmente entrevisté a esta extraña y no pude evitar decirle frente a una cámara para tres países en directo que ya estaba perdidamente enamorado de ella. Se rió, la entrevista terminó, se fue, me olvidó y yo la deseaba. Luego en otro cruce casual fui incapaz de hablarle y desde lejos le escribí al teléfono que me había dado tiempo atrás e intercambiamos unos cuantos mensajes cosa que aumento mi ilusión y por lo tanto mi deseo. Finalmente, un día se fue muy lejos por mucho tiempo y no respondió a mi último mensaje que quedaría flotando esperando a ser respondido. Y de pronto en busca de la extranjera me la topo de frente en una playa muy lejana. La improbabilidad de encontrarla en ese lugar me hizo considerar el encuentro realmente mágico y por esos días venía ya pensando en qué era eso tan inexplicable en el mundo que llamamos magia. Mi búsqueda daría con Mito y Culto de Jensen y su concepto de extrañeza la cual aparece cuando nos vemos enfrentados a lo desconocido, a lo que no podemos interpretar con certeza, a la incertidumbre, a Heisenberg. En este punto aun no vislumbraba como el deseo y el azar ya comenzaban a relacionarse de alguna forma. Yo la deseaba y nos habíamos encontrado por azar varias veces, pero teniendo en cuenta que en este mundo de la cuántica todo esta entrelazado ¿era el azar lo que hacia desearnos o era el deseo lo que hacia que nos encontráramos por casualidad? Opté por la primera posibilidad cuando posteriormente, sucedieron casualmente tres acontecimientos casi simultáneos: Leí el texto de Spregelburd que abrió nuevos horizontes en cuanto a la creación de historias, se anunció en las noticias la próxima activación del Gran Colisionador de Hadrones en la frontera de Suiza y Francia el cual consiste en esperar a que el azar choque dos protones para reproducir el comienzo del universo, y la extraña respondió el mensaje sin respuesta que yo le había enviado tiempo atrás y casualmente nos encontramos. Nos chocamos. Eran demasiadas casulaidades. Mi nueva fe en el azar era plena y la fascinación que comenzaba a surgir por la incertidumbre, impulsada por los azarosos choques con la extraña me llevo a cambiar el guión que trabajaba en la clase por una nueva historia romántica, cursi y catastrófica:

HISTORIA DEL BOLSILLO DE ATRÁS

 

 

 

Él nunca había visto una estrella fugaz y mientras dos protones finalmente se estrellaban en el acelerador de partículas, él atropelló a una extraña que cayó sobre el panorámico y a través del cristal se miraron.

 

Fue un instante importante.

 

En ese instante se habían cruzado todas esas cosas innecesarias que al parecer, son justo lo necesario para que comience una historia de amor: un par de extraños, un par de accidentes, un poco de improbabilidad y una mirada. En fin, como decía, para él los deseos nunca se habían cumplido y desconocía que lo que pasaba es que nunca había podido pedirlos, como todo el mundo sabe, formalmente ante una estrella fugaz y en eso no pensaba cuando finalmente la besaba, mientras que muy lejos, los dos protones que se estrellaron en la frontera de Suiza y Francia, ocasionaron lo más improbable: la generación de un hoyo negro.

 

Sobre ella, en un orgasmo simultaneo perfectamente desincronizado se convenció de que la amaba, -que palabrota- pensó, y el hoyo negro se estabilizó con la gravedad comenzando el lento descenso hacia el centro de la tierra. Como todo el mundo sabe, es un largo proceso, cruel e inevitable, tal como el que tuvo que ocurrir para que en un momento él llegara a abandonarla. Así es, si la mirada no es cuidadosamente microscópica cuando se acerca demasiado a algo, la belleza se vuelve borrosa hasta desaparecer: un lamentable proceso de acciones y reacciones. Entonces, una noche él dijo adiós y se dio media vuelta. Comenzó a caminar sintiendo la mirada aguada de la extraña sobre su espalda. A medida que se alejaba se embellecía y ella también. Cuando el hoyo negro llegó al centro de la tierra comenzó la implosión y la inminente destrucción del universo. Como todo el mundo sabe, una implosión es una explosión al revés y como después de la explosión hay una onda explosiva, pues en la implosión -que es al revés- se invierte todo, incluso el tiempo, y la onda implosiva, que llega de afuera hacia adentro, sucede antes que la implosión. Es pura lógica: si después de la explosión hay una onda explosiva pues antes de la implosión hay una onda implosiva. Como decía, ella lo veía alejarse y él se alejaba embellecido. El caso es que para él, ella también se embellecía y la implosión ya había comenzado. Cada instante era clave, entonces vaciló. Volteó y la miró. Y la visión que como todo el mundo sabe es más rápida que una onda implosiva, le permitió ver algo sorprendente. La extraña ya no lo miraba y caminaba alejándose pero tras ella caían lo que parecían millones de estrellas fugaces, era el cielo que se contraía ferozmente hacia la tierra. La onda implosiva la desvaneció a ella primero que a él pero un instante antes, -pues todo era cuestión de instantes-, sin saber si sería por accidente o por efecto de la inminente destrucción, él, ridículamente desarmado y embellecido, pidió formalmente un deseo y deseó a la extraña que se desvaneció. La deseó por siempre y no tuvo más remedio que implotarse como todo el mundo lo hizo. Pues como todo el mundo sabe, eso les pasa a esos extraños que se aman fugaz e innecesariamente cuando el universo está apunto de destruirse y luego, sencillamente se desean infinitamente.

Como decía, yo opté por pensar que los encuentros o choques se debían al azar y la extraña en cambio, siempre optó por la segunda posibilidad en la que se debían a nuestros propios deseos más que al azar. Esta diferencia me recordó nuevamente a Spregelburd y la fricción entre el mundo que es cada personaje. Con esta diferencia, el choque se manifestaba de una manera distinta pues cada mundo al ser un propio universo interno y chocar con otro generara efectos tan inciertos como las múltiples posibilidades que pueden ocurrir de acuerdo a la constitución de cada uno, al momento en que se choquen, o a las condiciones del ambiente. Absolutamente todo puede influir y es por esto que permitir el azar en un acontecimiento es permitir que sea una experiencia y no un experimento. Cosa que no han desarrollado conscientemente ni la dramaturgia ni la física clásicas, las cuales a través de experimentos aislados de las condiciones inciertas dan resultados que funcionan en un plano ideal.

El choque entre los dos mundos fue tal que escribí una segunda historia que ahora justo en este momento comprendo, es lo contrario. En esta no prima el azar sino el deseo. También me doy cuenta que al final tiene una frase en segunda persona aun más cursi mientras que aun espero su llamada.

 

Y SI ELLA SE VA

Era en la mañana muy temprano, y caminaba hacia el jardín botánico. Desde hacia unos días había tenido la sensación de que me seguían. – vamos al jardín!! nunca he ido- recordé como le dije entusiasmado la ultima vez que la vi. La noche anterior pinte con tres marcadores de tres colores tres flores distintas, seguramente sacadas en parte de mi imaginación, de las que había visto o delas que quisiera ver, y del azar agregado a mis trazos torpes y mi poca habilidad para dibujar. Cuando llegué al cruce de la 68 y la 63, me encontré con  la entrada de un túnel oscuro que nunca había visto,  me detuve y vacilé. Aun sentía que me seguían y tuve miedo. El túnel es la única forma de cruzar las grandes avenidas asi que ajusté mi cachucha, me pasé la mano por el bigote y como siempre he hecho cuando siento miedo, preferí valientemente olvidar mis miedos cambiándolos por el temor más terrible que siempre me ha dado las idea de volverme paranoico y miedoso. Comencé a caminar. El túnel se cruzaba con otros túneles, era oscuro y habían unos cuantos grafitis. El fin con que había dibujado las flores y lo que me animaba a llegar al jardín era intentar encontrar unas reales iguales pero inmediatamente pensaba que solo las había hecho para ella, para encontrarlas con ella. Fantaseaba con lo que hubiera ocurrido si hubiéramos encontrado unas flores reales iguales a las que yo había pintado, nos emocionaríamos e incluso nos habríamos dado besos, caminaríamos el uno al lado del otro y nos preguntaríamos si tal vez las flores no existían antes de haberlas pintado, yo me llenaría de babas diciendo que con el asombroso encuentro de las flores estaríamos haciendo algo real de algo imaginario y de esa manera estaríamos invirtiendo el orden natural de las cosas y que además estaríamos usando el azar contra si mismo para darnos la mágica idea de que esta era la muestra de que todo estaba predeterminado. – asi como nosotros – habría dicho, y la tomaría y la besaría, y asi, burlonamente, nuestro beso se levantaría triunfante sobre el orden de las cosas y el azar, aplastados al mismo tiempo por un acto de amor, porque ahora sé que el verdadero fin con el que esperaba encontrar las flores, era dárselas a ellas, diciéndole asi lo que nunca he podido decir, era desarmarme totalmente ante ella como ante un adversario que solo puede ser vencido sin armas. En fin, si fuera un héroe ese seria mi elixir, se las regalaría, las pintadas o las reales, no importa, y caminaríamos el uno junto al otro. Entonces como siempre sucede después de los clímax, solté el aire hondo y me encontré caminando solo por el túnel, con miedo sintiendo que me seguían y lo único que me quedaba de la fantasía era la terrible sensación de estar desarmado.  Con un poco de rabia -¿Podía desarmarme más ofreciéndole tal regalo después de que me dejó?- me preguntaba. Fue entonces cuando sentí unos pasos detrás de mí. Ahora sí estaba seguro de que me seguían y me quede quieto, mire atrás y el túnel estaba vacío. Estaba seguro que ya había escuchado esos pasos seguirme unos días atrás. Tuve miedo pero opte nuevamente por intentar envalentonarme temiéndole a la paranoia y seguí caminando. Los pasos continuaron y me acompañaron durante todo el camino, aun cuando llegue al jardín e incluso durante todo el recorrido que hice en la búsqueda de las flores. Fue una caminata larga e intranquila. No vale la pena recordarla, fue además, triste e infructuosa. La recordaba y me seguía sintiendo desarmado y ninguna flor se parecía a las que yo había pintado o a veces se parecían a todas debido a la mala elaboración que les daba cierto aspecto multiforme y hacían que pudieran ser como cualquiera. Desilusionado, abandoné la búsqueda y me senté en una banca junto a una basura, me sentí muy cansado y en la segunda caneca que encontré, boté los dibujos y comencé a caminar de regreso. Sus pasos dejaron de seguirme. 

Los encuentros continuaron y fueron cada vez más placenteros y cada vez generaron más deseos y asi como en “Historia del Bolsillo de atrás”, ocurrió algo incierto que de algún modo invirtió todo y ahora el azar no permitía que nos encontráramos, hasta que todo quedo reducido a la última espera de su llamada. Todo pareció acabarse, al son de una ranchera llamada casualmente “La Despedida”. Así como antes fue el encuentro de los extraños, el choque de los protones, ahora la historia parecía tomar un nuevo rumbo y entraba en juego la despedida, los electrones que se repelen, la llamada que no llega. Estos contrarios comenzaron a sonar al comportamiento típico de una historia con estructura clásica. Recordé entonces la categorización de las historias en tres estructuras: clásica, fractal –la cual es análoga a la física cuantica– y la onírica –la cual entraría a jugar más adelante en mi desordenado intento de explicar el sentido que encuentro entre los acontecimientos que relato en esta crónica-. Lo extraño era que la historia entre la extraña y yo, parecía tener cara de muy cuantica y comenzó a mostrar uno de los fundamentales principios de la dramaturgia clásica: El Principio de Polaridad. ¿Son acaso, estos contrarios, patrones regidos por este principio pertenecientes a la estructura clásica del viaje del héroe? ¿Tener y perder? ¿Rito y Mito: Partida, iniciación y retorno? ¿Acaso ningún acontecimiento puede escapar a la estructura de los mitos? Jensen dijo que los mitos y los ritos nacen de esa extrañeza que nos produce lo desconocido, lo extraño, lo que calificamos de mágico o azar. Los mitos sirvieron para explicar lo desconocido pero se dejan encontrar en todas partes, en todas las historias que ocurren en lo que conocemos. Seguramente, el mito se generó de lo real, algunos hacedores de historias que encontraron intuitivamente patrones en el desorden de lo real, lo organizaron y produjeron historias que dieron origen a una mitología que contiene todas las mascaras humanas. La selección de eventos se “mitifica” y se vuelve el molde sobre el cual se construyen todas las nuevas historias. Me sentí realmente tonto por no haber entendido antes que una historia puede contener distintas estructuras sin que se anulen entre ellas. La estructura clásica aristotélica puede estar contenida junto con la estructura Fractal, asi como en el universo funcionan la física cuantica y la clásica a la vez. La física clásica es aplicable al universo Macro y la cuantica al universo Micro, Pero hay que tener en cuenta que esta categorización es una convención que sirve como punto de partida para medir el universo y que el tamaño es relativo, asi como una historia con las dos estructuras. Además lo que llamamos “intuición”, “magia” o “azar” no es más que el orden interpretativo que damos al desorden. Algo así como escoger determinados granos de arena en un desierto y unirlos para darle un orden al igual que el hacedor de historias clásicas. ¿Pero cuál es el criterio de selección a la hora de escoger entre un grano de arena y otro? Lo que cambia es la interpretación.

Recuerdo ahora un texto en el cual, el profesor Satizabal prácticamente vomitaba desordenadamente en tiempo futuro una historia de su pasado en Cali. En su regurgitada y desordenada se encuentra un orden y de esa misma manera espero que se encuentre orden en la crónica que el siguiente coro dice que escupo.

CORO

En este momento, mientras Sebastián espera la llamada de la extraña, me pregunto de qué sirve todo esto para ayudar a la cinematografía nacional y a la construcción de sus historias. Si hacer algo en pro de las historias nacionales significa generar identidad y unidad, solo basta tener en cuenta el contexto particular colombiano y aplicar una historia que sirva bajo la forma de cualquier mito. Cualquier historia por local que sea, se podrá universalizar a través del mito. Pero si se quiere hacer algo en pro de la cinematografía nacional y sus historias se debe contemplar la cinematografía mundial, la dramaturgia del universo. Un avance para el cine colombiano debe ser un avance para el cine mundial. Por eso debemos ponernos en la tarea de cuestionar las formas establecidas e intentar encontrar nuevas, y mientras que Sebastián espera aun la llamada, con una mano en el pecho y convencido de tener una pose muy patriótica, en calidad de estudiante de hacedor de historias, se permite seguir indagando y continuar exponiendo ideas que se ha formado a través de su aprendizaje en la vida y en la proceso de formación de hacedor de historias, cuya crónica escupe desorganizadamente.

Aprovecho el distanciamiento generado por este coro para complementar esta crónica sobre mi formación y mencionar casi como un acto protocolario y detalle académico, algunos textos que han colaborado a la elaboración de esta historia, pero que no he mencionado por que me he centrado en los que han sido más importantes en mi aprendizaje particular durante el periodo que comprende los acontecimientos e ideas aquí descritos. Entre ellos, textos de Brecht, Borges, Strauss, Freud, Syg Field, Aristóteles, Propp, Eisenstein, Mammet, Rocha, Enrique Buenaventura y Carlos Satizabal.

Lo que cambia es la interpretación. Cuando hablamos de interpretación nos adentramos en la dimensión de lo simbólico y esto me daría luces para intentar resolver el siguiente planteamiento.  Si todo lo que sucede en el universo esta encadenado surgió la pregunta ¿cómo puedo contar historias distantes dentro de una misma historia? ¿Qué les da unidad? De acuerdo a Joseph Campbell, la estructura clásica resulta ser un orden encontrado por el inconsciente colectivo de todas las culturas. Al principio pudo parecer casual la manera en que los relatos de todas las culturas se acomodan a unas mismas funciones dramáticas y a unos mismos arquetipos. Parecería ser que por intuición, los hacedores de historias de culturas se hayan puesto de acuerdo. Esto demuestra simplemente que el desorden no es más que apariencia y las posibilidades para ordenarlo pueden surgir de acuerdo a la interpretación que le demos. Entonces intentemos liberarnos de la estructura clásica que es la más común en las historias occidentales, no para desecharla sino para poder aprovecharla posteriormente al máximo en la interpretación que intentemos darle al desorden en busca de una unidad. Lo que importa para que consideremos una historia como una historia, es que tenga algún tipo de unidad. Busquemos otras formas de unidad. En el experimento físico de la Paradoja de EPR que puso a temblar la afirmación de Einstein de que no existe nada más veloz que la luz, se logro demostrar que si tomamos dos partículas unidas por sus polaridades opuestas, las separamos poniendo a cada una a un extremo del universo, y a una le invertimos la polaridad, la otra reaccionará inmediatamente invirtiendo también su polaridad y manteniéndose como el opuesto. Además de ser una muestra de cómo se aplica la ciencia de la totalidad a la realidad, se comprobó que de alguna manera la información viaja a mayor velocidad que la luz y que el universo entero está encadenado. Una acción en un extremo del universo, se puede ver reflejada al otro extremo gracias a una cadena de causas y efectos ocultos en la incertidumbre, de causas y efectos que no valen de nada porque lo que importa es el punto de vista. Es casi como una historia de amor. Es un desastre que posee una unidad, no comprendemos el por qué, al igual que en las catástrofes, pero ahí está el resultado: el desastre. En la estructura clásica hay un conflicto principal y todas las subtramas están relacionadas directamente con dicho conflicto y encadenadas por una causa-efecto evidente. Hay, lo que Aristóteles llama, unidad de acción que permite que el espectador identifique todas las acciones bajo la misma unidad. ¿De qué manera se puede mantener bajo la misma unidad, dos o más historias entre las cuales haya una distancia tan extensa como lo puede haber desde un extremo del universo a otro? ¿Que hace que en “Historia del bolsillo de atrás” exista una conexión entre los protones que se chocan y el personaje que atropella a la extraña o cuando se besan al mismo tiempo que se genera el hoyo negro? Podría haber una cadena de acciones que hicieran que en últimas, uno fuera efecto del otro. Seguramente nadie podrá saber con certeza si es posible que el par de extraños hayan sido los responsables de haber causado la implosión del universo o viceversa. Simplemente podría decirse que las causas y los efectos que hay entre uno y otro son tan rápidos que no los vemos. La unidad que hay en el desastre y los inciertos encadenamientos de la catástrofe no han sido suficientes para generar la sensación de unidad a nuestras lerdas miradas. Probablemente lo que genera unidad es, al igual que en la estructura fractal, la autosimilitud entre los dos acontecimientos (el choque de los protones y el de los extraños). Lo que los une es de carácter simbólico. Es la interpretación que le damos a cada uno de los choques y la similitud entre ellos.

Se podrían contar varias historias dentro de la misma historia con varios y diversos conflictos. Luis Buñuel lo hizo en El Fantasma de la Libertad: el desarrollo de cada conflicto desenlaza en el detonante de un nuevo conflicto que a su vez desenlaza en otro generando una cadena que rompe con ciertos aspectos de la estructura clásica aristotélica. Pero aun en este caso,  la unidad está dada por una unidad de acción lineal. El hecho de que todo suceda en una sola línea de tiempo podría ser suficiente para encontrar unidad en la historia. La estrategia dramática de Buñuel en esta película es similar a un recurso musical que se descubrió en el renacimiento y comenzó a ser utilizado en el barroco: la modulación. Esta consiste en pasar de una tonalidad a otra a través de las funciones tonales que posee cada una de ellas. La tonalidad musical es análoga al universo en que se desarrolla una historia y las funciones tonales son equivalentes a las funciones dramáticas. En el universo que sería equivalente a la tonalidad existen diversos submundos –comúnmente llamados regiones tonales- que cumplen distintas funciones, y sus relaciones permiten que sucedan momentos como un inicio, un desarrollo y una resolución, al igual que en la estructura aristotélica. La modulación permite que una nueva tonalidad sea encadenada a otra dentro de la misma obra abriendo un nuevo universo con nuevos submundos para que la obra se desarrolle, de la misma manera que en el Fantasma de la Libertad. Ahora qué sucede si intentamos añadir a una estructura encadenada modularmente, el recurso polifónico. Me refiero a la posibilidad de contar paralelamente las historias que pertenecen a un solo encadenamiento pero que se desarrollan en un mundo distinto. En el siglo XX, un músico llamado Arnold Shoenberg hizo algo similar cuando creó el Serialismo y fue uno de los principales exploradores de la Politonalidad. En sus obras, desarrolló simultáneamente distintas tonalidades. Ahora, que sucede si intentamos hacer eso mismo en una historia. Si por ejemplo rompemos la línea de tiempo del Fantasma de la Libertad en tres partes y decidimos contarlas paralelamente, tendríamos probablemente tres principios y tal vez tres finales. ¿Nuestra mirada aun encontraría unidad en dicha historia de muchos conflictos dividida en tres tiempos contados simultáneamente? Probablemente no, porque en El Fantasma de la Libertad, la unidad es dada por el encadenamiento directo de las acciones linealmente y será difícil encontrar semejanza entre los conflictos que se presentan simultáneamente. Pero si intentamos solamente dar unidad a través de lo simbólico como en Perro Andaluz de Buñuel, nos encontramos con una estructura Onírica que le da orden al desorden de la misma manera que el lenguaje estructura el inconsciente, y tal vez aparezca una unidad. Un encadenamiento metonímico, posible gracias al desplazamiento de un concepto a través del mismo significante plástico. Del mismo modo que el inconsciente colectivo encuentra la unidad de la estructura clásica en las historias de todas las culturas, en las que los mismos mitos se presentan con distintas máscaras. De acuerdo a Freud, el inconsciente se organiza gracias al lenguaje y bajo la misma lógica de este. De acuerdo a Strauss en este ordenamiento del lenguaje, aparecen constantemente el desplazamiento (cuando los aspectos de un elemento se desplazan a otro) y la condensación (cuando se concentran varios elementos en uno solo). En el lenguaje se ven reflejados en dos figuras: la metonimia y la metáfora respectivamente. Son estas características básicas que permiten el encadenamiento de la Estructura Onírica y de los sueños. Es la manera en que los esquizofrénicos asocian significados tan distantes como de un extremo del universo al otro y lo único que importa es que se asocien los significantes. Tendríamos otra herramienta para encontrar unidad: una mirada esquizofrénica.

Un buen ejemplo es un paciente de Freud que hacía el siguiente encadenamiento lógico: La Virgen es blanca, mis medias son blancas, por lo tanto yo soy la virgen. En el cuento “Historia del bolsillo de atrás” es posible hacer que ocurra de manera práctica, un silogismo absurdo como invertir el tiempo gracias a que una onda implosiva sea lo contrario de una onda explosiva, y se debe a su carácter literario, al carácter polisemico y ambivalente de la palabra. Es un evento lógico dentro del mundo de lo simbólico. Es realmente absurdo pero verbalmente lógico, lo suficiente para que pueda ser contado. Es una mirada que permite encontrar unidad, distinta a la que nos proporciona la estructura clásica. Es la misma mirada que permite dar unidad a los acontecimientos que se narran en esta crónica y asi, lo que sucedía en la clase de dramaturgia tiene un sentido de concordancia con las coincidencias que mi inconsciente encontraba en lo que simultáneamente sucedía con la extraña y en las historias que se produjeron en el camino: Historia del bolsillo de atrás y Si ella se va.

Lo que vale es que en busca de nuevas formas de historias se pueden estudiar diferentes modelos pertenecientes a otras disciplinas como la musica y la literatura. Es valioso borrar temporalmente lo que sabemos, y el cómo utilizamos nuestra mirada para encontrarnos ante infinitas posibilidades de contar historias. En esta crónica, que no es más que el inicio de un estudio, nos encontramos con las posibilidades de jugar con el tiempo o la simultaneidad de hechos encadenados pertenecientes a mundos distintos. Es el relato del inicio de un aprendizaje que sirva para encontrar el placer en lo real, con experiencias o experimentos y distintas maneras de encontrar orden en el caos. Lo real siempre esta constantemente aniquilando la seducción y por eso hay que reinventarse constantemente dice Baudrillard. Se debe crear un vacío del signo y con ello, la seducción y las historias seductoras. Por eso en la historia de esta crónica me doy cuenta que mientras espero la llamada de la extraña, propongo que olvidemos como mirar. Ya sea que el motor de los acontecimientos sea el deseo, el azar o los dos, ya sea que el camino de los personajes se encuentre ya trazado o no, debemos primero intentar olvidar temporal y selectivamente las distintas características de la estructura clásica que es la más cercana a nosotros como occidentales y colombianos. Debemos entender que esta es sin duda, solo una forma de organizar los acontecimientos, una forma de interpretarlos. La interpretación da el orden.

Reduzcamos nuestro fin de contar una historia a lo que es: contar una historia, al menos una historia, un desastre, y de esta manera, despejar el horizonte para permitir que nuevas formas aparezcan. Para que una historia sea HISTORIA debe haber acontecimientos y para que sea UNA, debe existir una unidad, ya sea lograda a través de unidad de acción, o de encadenamientos simbólicos, o de autosimilitud. El desorden no existe, es solo una apariencia, es seducción, y esta es una cualidad que podemos aprovechar de él si lo que queremos con nuestra historia, es atrapar la realidad y al espectador. Organizar el aparente caos de una manera u otra, significará, por lo tanto, interpretarlo ordenadamente. La pregunta a resolver no debe ser ¿es este un orden de lo real? Porque siempre llegaremos a darnos cuenta que los ordenes son múltiples, como la historia del escritor de crónicas que espera la llamada de una extraña, la cual es clásica y al mismo tiempo es fractal, o como todo este ensayo que seguro tiene un inicio y un final pero su orden podría estar regido tan aparentemente desorganizado como el del encadenamiento simbólico en que el inconsciente se manifiesta. Entonces con el objetivo claro de contar al menos UNA HISTORIA que agrupamos selectivamente del desorden de lo real, -que es nuestra materia prima-, busquemos un orden, de acuerdo a una mirada, busquemos una interpretación que no sea una copia de las interpretaciones ya existentes. En pro de que las historias continúen seduciendo busquemos nuevas formas, nuevos vacíos. Las posibilidades pueden ser, creo, infinitas.

Así, finalmente -si esto es un final-, al igual que cuando el inconsciente utiliza la palabra en miras de encontrar una organización consciente, termino de escribir esta historia de una crónica ordenada de un ensayo desordenado de la interpretación de un desastre con miras a una cinematografía nacional. Ya puedo contar que el desastre llegó y dolió.

Ella nunca llamó.

Y creo que es hora de que comience a contar el otro final.

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ÍNDICE

1 – LA MUERTE DEL MACACO PADRE (Ó EL SÍNDROME DE LA COLA AUSENTE)

2 – LA FANTÁSTICA HISTORIA DEL MACACO Y EL SEXO DE LOS CARACOLES (Ó LA INUTIL EXPERIENCIA DE LA BELLEZA) ( Ó LA BELLA EXPERIENCIA DE LO INUTIL)

3 – EL MACACO QUE NOMBRÓ LAS ESTRELLAS Y LE DIO FORMA AL CIELO (Ó DE CÓMO UN MACACO APLICA LO QUE DICE A COMO LO DICE)  Ó (EL CONTENIDO EN LA FORMA)

4 – HISTORIA DE UNA CRÓNICA ORDENADA DE UN ENSAYO DESORDENADO DE LA INTERPRETACION DEL DESASTRE

5 – LA UTILIDAD (Ó LA BUROCRACIA DE LAS HISTORIAS Y LA GRADUACIÓN DEL MACACO INÚTIL)

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