Historia del bolsillo de atrás

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*CUENTO QUE ESTUVO MUCHO TIEMPO EN EL BOLSILLO DE ATRÁS Y DE DONDE SALIÓ EL CORTO “ELLA Y LA IMPLOSIÓN”

Historia del bolsillo de atrás

Él nunca había visto una estrella fugaz y mientras dos protones finalmente se estrellaban en el acelerador de partículas, él atropelló a una extraña que cayó sobre el panorámico y a través del cristal se miraron.

Fue un instante importante.

En ese instante se habían cruzado todas esas cosas innecesarias que al parecer, son justo lo necesario para que comience una historia de amor: un par de extraños, un par de accidentes, un poco de improbabilidad y una mirada. En fin, como decía, para él los deseos nunca se habían cumplido y desconocía que lo que pasaba es que nunca había podido pedirlos, como todo el mundo sabe, formalmente ante una estrella fugaz y en eso no pensaba cuando finalmente la besaba, mientras que muy lejos, los dos protones que se estrellaron en la frontera de Suiza y Francia, ocasionaron lo más improbable: la generación de un hoyo negro.

Sobre ella, en un orgasmo simultaneo perfectamente desincronizado, se convenció de que la amaba, -que palabrota- pensó, y el hoyo negro se estabilizó con la gravedad comenzando el lento descenso hacia el centro de la tierra. Como todo el mundo sabe, es un largo proceso, cruel e inevitable, tal como el que tuvo que ocurrir para que en un momento él llegara a abandonarla. Así es, si la mirada no es cuidadosamente microscópica cuando se acerca demasiado a algo, la belleza se vuelve borrosa hasta desaparecer: un lamentable proceso de acciones y reacciones. Entonces, una noche él dijo adiós y se dio media vuelta. Comenzó a caminar sintiendo la mirada aguada de la extraña sobre su espalda. A medida que se alejaba se embellecía y ella también. Cuando el hoyo negro llegó al centro de la tierra comenzó la implosión y la inminente destrucción del universo. Como todo el mundo sabe, una implosión es una explosión al revés y como después de la explosión hay una onda explosiva, pues en la implosión -que es al revés- se invierte todo, incluso el tiempo, y la onda implosiva, que llega de afuera hacia adentro, sucede antes que la implosión. Es pura lógica: si después de la explosión hay una onda explosiva pues antes de la implosión hay una onda implosiva. Como decía, ella lo veía alejarse y él se alejaba embellecido. El caso es que para él, ella también se embellecía y la implosión ya había comenzado. Cada instante era clave, entonces vaciló. Volteó y la miró. Y la visión que como todo el mundo sabe es más rápida que una onda implosiva, le permitió ver algo sorprendente. La extraña ya no lo miraba y caminaba alejándose pero tras ella caían lo que parecían millones de estrellas fugaces, era el cielo que se contraía ferozmente hacia la tierra. La onda implosiva la desvaneció a ella primero que a él pero un instante antes, -pues todo era cuestión de instantes-, sin saber si sería por accidente o por efecto de la inminente destrucción, él, ridículamente desarmado y embellecido, pidió formalmente un deseo y deseó a la extraña que se desvaneció. La deseó por siempre y no tuvo más remedio que implotarse como todo el mundo lo hizo. Pues como todo el mundo sabe, eso les pasa a esos extraños que se aman fugaz e innecesariamente cuando el universo está apunto de destruirse y luego, se desean infinitamente.

Sebastian López Borda.

Octubre de 2008

TRAILER ELLA Y LA IMPLOSIÓN:

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